jueves, 15 de mayo de 2014

DISTANCIA EN EL VIENTO. CAPITULO 1.

Buenos días/tardes/noches amigas y amigos!

Les copio parte del primer capítulo del manuscrito, el cual aún está en proceso de revisión.  Como siempre, agradezco sus comentarios que me ayudan a evaluarme.

Abrazos!!

1

Sabe que debe huir, es necesario para retener la poca cordura que aún queda en él,  no puede quedarse un minuto más, debe proteger la ilusión de seguridad que le brinda su mundo, uno de bienestar, estabilidad y equilibrio a través de normas dictadas por la sociedad y la moral.  Ve de forma impotente cómo su moralidad convencional comienza a ceder bajo el empuje de una pasión prohibida ¡no! Aún está a tiempo de retener esa bestia que quiere salir de su interior… es en ese segundo que dispone con todas las fuerzas que aún le quedan, empacar sus cosas y huir de una realidad que le aterra.  Baja rápidamente hacia la recepción, donde indica que partirá la mañana siguiente, solicitando el recibo para cancelar su estadía en el hotel.  Cuando la cancela, cierto alivio recorre su cuerpo, siendo sustituido al poco tiempo por intranquilidad, una que le indica un peligro latente hasta no alejarse de aquel lugar, por lo que para evitar cualquier encuentro con el joven Dominik, objeto de su ansiedad, decide no bajar a cenar y quedarse en su dormitorio, saliendo la madrugada siguiente, sin darse tiempo de encontrarse con los polacos.
Esa noche no puede dormir, sumergiéndose en los recuerdos de sus logros, de su música; de su vida en general.  Sin embargo, todo esto pasa a segundo plano cuando se imagina al bello rubio bañado por la luz del sol, con ese perfil perfecto, esa piel tan blanca como el mármol, esa sonrisa angelical que le vuelve loco… no, no puede evitarlo, no puede quitarse de su mente esa imagen de tan perfecta belleza.  Se imagina junto al joven, tirados en la arena uno al lado del otro, contemplando el azul del cielo, escuchando las olas del mar, sus manos muy cerca, a punto de tocarse, de sentir su calidez… su corazón late tan rápido solo de imaginarse la sensación de tocar, de rosar siquiera la piel, los cabellos, los labios de su anhelo… las llamas del deseo se encienden en su interior, abrazándolo.  No puede pensar más, su racionalismo se esfuma, dando lugar a un sinfín de sensaciones placenteras; imaginándose a él mismo como un felino devorando sin piedad a su presa quien es el joven.  Bañándose y saboreando su sangre, sintiéndole totalmente a su merced… en el momento que termina con su presa, alza la cabeza con los ojos cerrados, en un intento desesperado de sentir como su sangre atraviesa su interior y es cuando llega el orgasmo. Abre poco a poco sus ojos, la razón que le había abandonado se hace nuevamente presente, haciéndole sentir de pronto vergüenza de sí mismo; es la primera vez que tiene un orgasmo pensando en el joven, sobre todo en esa forma tan pasional e irracional, comenzando a derramar lágrimas al verse expuesto ante tan horrendo y desesperado deseo.  Está confundido y asustado de sí mismo, viendo como su estoica disciplina y su rigor moral e intelectual se van consumiendo, convirtiéndole en un ser perturbado por una pasión tardía y absurda, atormentándose con recuerdos; recuerdos de su difunta familia, de los sermones de la iglesia, de las constantes discusiones con su amigo, de su mismo pensamiento sobre moral y ética… se libera una lucha en su interior, ya no sabe qué creer, lo único seguro es que debe huir cuanto antes de ese lugar.
La madrugada siguiente se encuentra en la recepción, dispuesto a partir.  Al ver la hora, decide tomar el desayuno, pues es más temprano de la hora que habitualmente bajan los polacos.  Manda primero su equipaje a la estación, dirigiéndose directamente al restaurante.  Se encuentra a mitad de su merienda cuando, para su desgracia, ve entrar al restaurante a los polacos.  La sensación de alarma le invade, sin embargo se percata que Dominik no está con ellos y en ese momento intuye que es preciso partir, debe evitar a toda costa encontrarse con el joven quien no tardará en bajar. Se levanta de inmediato, dejando su desayuno a medias, tomando su portafolio para dirigirse rápidamente hacia la salida cuando, como por una mala jugada del destino, ve al rubio entrar al restaurante caminando por el mismo pasillo que él atraviesa, apunto de cruzarse.  El músico baja la cabeza, casi cerrando los ojos, debe cruzar el corredor, el mismo que atraviesa el objeto de su pasión ¿por qué? ¿Por qué debe encontrarse con Dominik? Justo cuando su voluntad y su resistencia son tan débiles… La percepción del tiempo cambia completamente, sintiendo como todo ocurre en cámara lenta; escucha los pasos del joven acercarse a su dirección, despacio, como un sentenciado a muerte escucha los pasos de su verdugo…  no tiene el valor de levantar la cara, únicamente fija su vista en la alfombra del corredor, volviéndole a escuchar paso por paso acercarse, cuando están a punto de cruzarse, intenta por un fuerte impulso apresurarse y no darse oportunidad de verle, sin embargo, su cuerpo ya no le responde; ha tomado el control y ahora es independiente de su razón… sus piernas dejan de caminar y se paran.  En ese instante, contra toda su voluntad, levanta la mirada para ver a rubio, quien por unas milésimas de segundos se para a la vez, casi frente a él, ofreciéndole una hermosa sonrisa angelical y una mirada penetrante.  Esos bellos ojos azules atraviesan todo su ser, como una espada atraviesa al toro en la estocada final… ve de reojo como se aleja su hermoso ángel o tal vez demonio y lo acepta; acepta que está total y perdidamente enamorado del joven de cabellos rubios.
Adiós amor mío, esto ha sido demasiado para mí, que Dios te bendiga —susurra para sí en forma de despedida.
Al decir esto siente una dolorosa presión en el pecho y sabe que se debe a que no verá más a su dulce ángel, pero es lo correcto por hacer, así que pese a su angustioso dolor, sale del hotel hacia el puerto, donde partirá hacia lejanas tierras para nunca volver.
Ya en la estación y con el boleto en mano, ve por última vez la ciudad de la que ha estado eternamente enamorado y en la que conoció una pasión que jamás creyó volver a sentir.  Se despide con un suspiro, un largo y doloroso suspiro que llega a lo más hondo de su ser, sintiéndose realmente miserable, a punto de llorar, como si renunciase al sentimiento más bello que la vida le está ofreciendo, para escoger la dolorosa muerte de su misma alma… no comprende muy bien ese sentimiento de angustia que le acompaña desde que decidió partir de Niza, es como si su alma se aferrase a las columnas de ese lugar, mientras su razón la aleja para siempre de allí.  Está a punto de abordar el tren cuando un trabajador del hotel le alcanza, informándole que había ocurrido una terrible equivocación y su equipaje había sido facturado hacia otra ciudad, por lo que el hotel se haría responsable de mandar el equipaje a su ciudad sin costo alguno, únicamente con el inconveniente que tardaría no menos de cuatro días en enviárselo.  Iván no da crédito a lo que escucha, no puede creer que la vida le estuviese dando una excusa, una última oportunidad de regresar y entregarse por completo a su destino.  Deja caer sus brazos al lado de su cuerpo en señal de derrota frente a su alma; lo había intentado y ahora no luchará más por aferrarse a la seguridad que le brinda su pequeño mundo dominado por la razón, ahora se entregará por completo a sus pasiones.
Lo siento pero no partiré sin mi equipaje diciendo esto, se libera de todo el peso del mundo, sintiéndose liviano, rejuvenecido y eufórico de felicidad. Trata de ocultar su euforia, haciendo un gesto de molestia por la “terrible equivocación” que ha ocurrido, por lo que el trabajador del hotel se vuelve a disculpar, expresando que es la mejor decisión el quedarse y que el hotel se hará cargo de brindarle lo necesario en esos días que no tendrá su equipaje. 

De regreso vuelve a registrarse, pidiendo el mismo dormitorio con balcón hacia la playa.  El administrador se disculpa, pues la habitación ya ha sido ocupada, por lo que le ofrece otra de iguales condiciones, con la única diferencia que está ubicada en el segundo nivel.  Acepta gustoso, pues sabe que los polacos se hospedan en ese nivel, permitiéndole estar más cerca de su amado Dominik.  Ya acomodado en su nueva habitación, sale al balcón, donde vislumbra en la playa la silueta encantadora del joven, su corazón salta de felicidad.  Alza el brazo en señal de saludo, no solo a su amado, quien está muy distante para distinguirle, sino a la vida misma, permitiéndose disfrutar por un instante más ese momento de triunfo.  Más tarde, decide bajar a la playa, ubicándose en una de las lonas contiguas en donde están situados los polacos, llevando consigo su portafolio, donde guarda sus partituras.  Después de disfrutar de la vista y lo animado del lugar, su vista encuentra al polaco, quien juega en el mar con sus compañeros y como es usual, la institutriz empieza a llamar al joven para que salga del mar. Cierra sus ojos para percibir de mejor forma el sonido del nombre de su amado, deleitándose con la más armónica y hermosa sinfonía que sus sentidos han percibido: el sonido de las olas del mar como fondo, unas voces pronunciando ese hermoso nombre, todos sus sentidos enfocados en distinguir la voz del joven; su risa juguetona, sus palabras en un idioma que no comprende y sin embargo, es el idioma más hermoso que sus oídos han podido percibir.  Abre los ojos para verle salir del mar corriendo hacia la institutriz quien lleva una toalla para secarle.  Cuando llega al lado de ella, voltea hacia donde se encuentra Iván, encontrándose nuevamente sus miradas, deteniéndose el tiempo para el músico quien cree ver algo que le desconcierta: la expresión del joven muestra sorpresa para luego mostrar ¿felicidad? Dominik le sonríe diferente, como si… ¿está feliz de verle? No sabe qué hacer ¿será que el amor platónico que siente le hace ver cosas? lo único que puede hacer es devolverle una dulce sonrisa. Su corazón estalla de felicidad, sintiendo como todos sus sentidos son inundados por un sinfín de notas musicales, por lo que sin perder esa oportunidad de componer, se levanta para acercarse a una mesa con una silla que están justo detrás de él, sacando sus partituras y empezando a componer una de las sinfonías que en un futuro, se convertiría en su obra cumbre. 
Esa noche, en el restaurante, con algunas mesas que le separan de los polacos, analiza a cada miembro de la familia; ve a las tres hermanas de Dominik, una de ellas dos o tres años más joven que él, la que le sigue, tal vez de unos nueve o diez años y la más pequeña de tal vez unos cuatro o cinco años.  Las tres están estáticas, rígidas como una columna, sin expresión alguna, todo lo contrario a su hermano, que se le ve relajado, siempre con un porte elegante, pero relajado.  Es notoria la diferencia de exigencia entre él y sus hermanas, casi siempre llega tarde al desayuno, suponiendo le dejan dormir más tiempo. Sus cabellos largos, como si nadie se atreviese a cortar esos hermosos rizos dorados, la forma en que se desenvuelve en la playa, juguetón, alegre, vivaz, todo lo contrario a sus pequeñas hermanas, a quienes jamás ha  visto meterse al mar, sin embargo, lo que más llama su atención es la madre, una mujer de suma belleza y elegancia, inexpresiva incluso con sus propios hijos, haciéndole comprender el comportamiento de las niñas, prácticamente se verán igual cuando creciesen… en cierto modo, siente lástima por ellas, que a tan corta edad estén limitadas por las normas de la alta sociedad, restringiendo su espíritu hasta que un día sea eliminado por completo.  La institutriz cuida de todos, pero Dominik es especial para ella, se le ve muy seguido arreglándole su cabello y en el mar, es con quien más juega, siempre le persigue con la toalla para secarle mientras el joven juega a no dejarse alcanzar y cuando al fin logra hacerlo, le abraza, dándole varios besos en la cara los que son correspondidos por el chico… realmente se percibe un lazo muy especial entre ellos, como de una verdadera madre y su hijo. 
Se retira al terminar su cena, pues ha sido un día muy intenso y está exhausto. Cuando se levanta y se dirige a la salida del restaurante, se percata como Dominik le sigue de forma discreta con la mirada, esto le emociona aún más, proponiéndose esa noche estar dispuesto a todo para conquistar el corazón del joven rubio sin importar las consecuencias. 
Después de desayunar, el músico regresa decepcionado a su dormitorio, pues no ha encontrado a la familia polaca, recordando que por ser domingo habrían ido a misa.  Cierta inquietud le invade ¿y si va a la catedral a buscarles? ¿Será lo correcto? No importa, después de todo se ha prometido dejarse llevar por sus sentimientos y en ese momento le gritan que necesita estar cerca del joven, como la flor necesita de la luz del sol para vivir…  Al llegar a la catedral se ubica en la parte posterior, ocultándose tras una columna, buscando con la mirada al rubio para encontrarle en la nave central. El sacerdote está dando la bendición final cuando advierte que ha sido descubierto por el joven, quien tiene una sonrisa ladina en sus labios, lo que le hace sentirse inquieto, pues es obvio que está en ese lugar únicamente por él y presiente que ya lo sabe.  Al terminar la misa,  sale al atrio, fijando su vista a la arquitectura del lugar, haciendo tiempo hasta que saliese la familia.  Ve como la madre se despide de sus hijos, dejándoles solos con la institutriz, quienes al poco tiempo, se dirigen hacia el camino que les adentra a la ciudad.  Dominik se retrasa un poco, volteando a ver al músico a quien le brinda una sonrisa que más que amigable, es de reto, prosiguiendo detrás de sus hermanas.  Iván les sigue a una distancia prudente, animándole ver como el joven se retrasa ¿Acaso intenta darle tiempo para alcanzarle? Sin embargo, la institutriz muy alerta, no deja que se aleje mucho, por lo que le es imposible alcanzarle.  Llega un punto en que el calor asfixiante ya no le permite seguir el paso de los polacos y renunciando a su persecución, regresar al hotel a descansar.
Al despertar, advierte que se le ha hecho tarde para la cena y lo más seguro es que todas las mesas estén ocupadas, perdiendo la oportunidad de sentarse cerca de la familia polaca.  Baja rápidamente, atravesando la sala de estar para ir al restaurante, cuando advierte que hay alguien tocando el piano.  Su corazón se detiene al percatarse que es nada más y nada menos que el joven polaco, intentando tocar una pieza clásica de Beethoven sin lograrlo.  Dominik repara en la presencia del músico, dejando de tocar para voltearse y brindarle una juguetona sonrisa, prosiguiendo después con lo suyo.  Iván no sabe qué hacer, es el momento que ha esperado para acercársele, están solos, sin nadie que pueda interrumpirlos.  Tiene la oportunidad perfecta para abordarle; intentar enseñarle algún acorde ¡lo que fuese! Pero al no tener el valor de hacerlo, se limita a sentarse para escucharle.  Está decepcionado de sí mismo, sabe que se arrepentirá por no aprovechar esa ocasión, sin embargo, algo le viene a la mente; ¡exacto! Cuenta con la excusa perfecta para acercarse al joven, él podría ser su maestro de música, quien mejor que el gran compositor y músico, reconocido internacionalmente: ¡el gran Iván Albéniz de Falla! sí, su excusa para abordarle sin levantar sospechas de sus verdaderas intenciones es perfecta, no obstante, aún debe pensar cómo abordar a la madre, pues no sería creíble que de la nada quisiera enseñarle a tocar mejor el piano. Piensa en ello cuando entra la institutriz, frunciendo el ceño al verle a solas con el rubio. Iván siente cierto rechazo por parte de la señora, quien al salir, justo detrás del joven para abandonar la sala, le ofrece una mirada amenazante.  Esto le incomoda y alarma, pues parece que la dama ya le ha descubierto y eso representa una gran amenaza para cumplir su objetivo: enamorar a Dominik.
*****
La mañana siguiente ya en la playa, Iván como siempre de forma discreta, observa todo lo que hace Dominik.  Desde hace algún tiempo ha notado la presencia de un joven de pelo castaño, un poco mayor que el rubio, más alto y más corpulento, a quien llaman Albert, parecen ser buenos amigos.  Hay algo que le incomoda respecto a este joven y es que cada vez se hace más evidente que está interesado en el rubio; la forma en que juegan, casi siempre de luchas, donde el contacto físico es inevitable.  El castaño separa a Dominik del resto de sus amigos, llevándolo a la orilla del mar. Puede distinguir como el chico abraza a su rubio, diciéndole cosas al oído y haciendo que éste ría.  Un rayo atraviesa de pies a cabeza al músico, mientras una presión en el pecho y estómago hace que todo su cuerpo hierva; está perdiendo los estribos.  Intenta desviar la vista para controlar, sin éxito, la ola de celos que se apoderan de él. Los muchachos, sin dejar de abrazarse, se dirigen hacia la tienda de campaña de los polacos, la cual está inmediata a la suya.  Cuando pasan al lado del músico, el rubio se detiene para verle fijamente, haciendo que el castaño también se detenga, quien al percatarse que algo ocurre al ver la mirada fija entre su amigo y el señor, le otorga un beso en la mejilla, susurrándole algo, intentando con esto desviar su atención,  para luego jalarle y así continuar su camino.  Antes de irse, Dominik ve fijamente al músico con una sonrisa sarcástica, como si supiese que eso le afecta de sobre manera.  
—“No Dominik, no permitas que nadie se acerque a ti…” piensa para sí Iván, viendo de forma impotente como se lleva al rubio lejos de él, ¿dónde diablos se encuentra la institutriz para evitar que se lleven a Dominik?.  Voltea rápidamente para ver la dirección en la que van los dos “amigos” para seguirles, cuando se percata que el grupo de compañeros de los jóvenes les alcanza, yéndose todos juntos hacia el hotel.  Esto le tranquiliza, mas no desaparece el sentimiento de angustia y amenaza; la simple idea que alguien pueda ganarse el corazón de Dominik es algo que le quita la vida.  Se levanta para dirigirse a la habitación con el convencimiento de declarar la guerra a todo aquel que quisiese separarlo de la causa de su pasión; hará lo que sea necesario para conquistarle antes que otro lo haga.
Después de una noche de insomnio, se levanta muy temprano para ir a la ciudad, ni siquiera toma el desayuno en el hotel, dispone comer fuera.  Es extraño que pierda una oportunidad de ver al rubio, como lo es la hora del desayuno, sin embargo no le quiere ver, sí, reconoce que está molesto con él por el incidente del día anterior, en cierto modo, se siente traicionado, ¿pero traicionado de qué? No hay nada entre ellos dos, Dominik es libre de hacer y salir con quien quisiera, él no significa nada para el joven, nunca han cruzado una palabra, entonces ¿con qué derecho puede reclamar algo? ¿Reclamar a quién? Iván está deprimido, sumamente deprimido, viendo como sus planes de conquista se vienen al suelo.  Se siente inseguro, pues todo está en su contra, sobre todo el ser hombre y la evidente diferencia de edades… Necesita pasar el día solo, pensar en lo que va a hacer, tal vez el distraerse un poco le ayude a reanimarse.  Prácticamente pasa todo el día en la ciudad, yendo al banco, donde cambia bastante dinero, después visita algunos lugares turísticos, pasea por góndolas, va de compras, donde consigue unos trajes muy elegantes. Mientras se los prueba piensa en qué expresión pondría Dominik cuando le viese… suspira hondamente, otra vez está pensando en él… ve el reflejo del espejo y es como si todos los defectos de su enfermedad y su edad se incrementaran al triple, recordando a Albert, un hombre joven y apuesto, quien podía estar muy cerca de su rubio… Al final ha sido una mala idea ir a esa tienda, pues ahora se siente mucho más deprimido que antes.  Compra varios trajes y se dispone regresar al hotel para descansar, ha pensado en no cenar, sin embargo, no pierde nada en ir, así que ya en su dormitorio, se arregla, poniéndose uno de los trajes nuevos.  Cuando baja hacia la sala de estar, visualiza de lejos a la familia polaca y sobre todo, al causante de su depresión.  Decide sentarse en un sillón contiguo al corredor, de espaldas donde se encuentran los polacos.  Toma el periódico para leer; por alguna extraña razón aun no quiere verle, esa honda tristeza al recordar al joven Dominik con Albert le sigue acompañando, haciéndole sentirse en cierto modo derrotado.  Es llamado el público al restaurante para servir la cena, por lo que espera un rato a que todos pasen y así sentarse en una de las mesas que estén más alejadas de los polacos.  Todas las personas transitan por el corredor, cuando intuye que es la familia polaca la que está punto de pasar a su lado.  Levanta la vista y en efecto, la madre es la primera de ellos en pasar, seguida de sus dos hijas mayores, atrás la institutriz con la menor y por último Dominik, quien al pasar a su lado, voltea la vista hacia él, mirándole de forma molesta y melancólica.  Iván trata de no prestar atención a esto y se limita a ir al restaurante, viendo para su mala suerte, que la única mesa disponible está justo a un costado de los polacos. Sin más opción se sienta,  casi frente a Dominik, quien de vez en cuando le voltea a ver aún molesto.  El músico se percata que el joven está comiendo casi nada, pero lo que más llama su atención es percibir su melancolía.  Supone que algo debió ocurrirle ese día, o tal vez simplemente está cansado.  No quiere pensar más, por lo que exhausto se levanta rápidamente de la mesa, saliendo del restaurante sin siquiera voltear a ver al rubio, simplemente se retira.
Esa noche, ya en su cama, recuerda sus días de juventud, lo alto y apuesto que era, siempre estaba rodeado de personas que admiraban su trabajo y a pesar de ello, fue un hombre sencillo. Evitaba las multitudes, las fiestas, reuniones. Prefería estar solo ya fuese leyendo o componiendo música, en fin, fue un hombre que a pesar de su fortuna y fama, disfrutaba de su espacio y la tranquilidad de su mundo.  Recuerda a su maestro, quien le motivó a convertirse en músico, también pasa por su mente cuando se enamoró de la mujer que se convertiría en su esposa, la conoció de la forma más inesperada, sin embargo, a pesar del pasado de ella y de las críticas alrededor de ese matrimonio, vivieron momentos muy felices juntos y aún más con el nacimiento de su bella hija.  Ese probablemente, fue el período más feliz de su vida, lo cual duró muy poco, pues esa felicidad le fue arrebatada con la muerte de su hija y posteriormente de su esposa.  Pasaron ya largos años desde esos trágicos tiempos, en donde se enclaustro en su mundo, volviéndose una persona seria, desconfiada, sombría, en fin, una persona que nunca más volvió a conocer la felicidad.  Se siente muy triste recordando todo eso; la vida ha sido injusta con él al haberle arrebatado a su familia, ya que se considera un buen hombre quien aportó mucho a la sociedad, quien trató de vivir conforme a las normas, religioso y temeroso de Dios.  ¿Acaso la vida le recompensaría algún día el dolor tan injusto que le había hecho vivir? De pronto recuerda al bello Dominik, el joven que representa la ilusión que había perdido hace mucho tiempo.  A él se debe que todos los días se levante y arregle, entusiasmado de poder verle una vez más, sí, acepta que le ha devuelto las ganas de vivir, de componer, de sonreír. 
Está bien Dominik, te disculpo por lo que hiciste, después de todo, te debo muchísimo —susurra, sintiendo su entusiasmo regresar a él y con una sonrisa en los labios se va quedando dormido.
Al despertar, advierte que se le ha hecho tarde, por lo que apresurado se arregla y baja a desayunar, encontrando el restaurante vacío. Ya en la playa y con su portafolio en mano, se ubica donde es costumbre; contiguo a los polacos y como siempre, de forma discreta, busca con la mirada al rubio, encontrándole solo, a orillas del mar, manteniendo esa aura de melancolía.  Ve como regresa a la carpa de su familia y en el instante que sus miradas se cruzan, éste se detiene.  En ese preciso minuto llega el castaño, intentando abrazarle, siendo rechazado por el rubio.
Vaya, ahora entiendo tu tristeza, parece que te has peleado con tu “amigo”.  Albert, debiste hacer algo muy estúpido para haberle hecho enojar se dice para sí en forma burlona, sin poder ocultar que le alegra dicha situación.
En el transcurso de la mañana, ve como Dominik se reanima nuevamente, volviendo a jugar con el resto de sus compañeros, sin embargo, ocurre algo curioso, cada vez que el castaño intenta abrazarle, éste lo rechaza y seguido de esto, voltea a verle con la misma mirada de antes.  Esto ocurre unas tres veces, lo cual inquieta a Iván ¿acaso intenta decirle algo? Ocurre nuevamente, esta vez Albert sorprende por detrás a su amigo, rodeándole con ambos brazos, el rubio vuelve a rechazarle, viéndole molesto y gritándole algo que el músico no entiende, acto seguido, el castaño le responde de la misma forma, alejándose de él para dirigirse al hotel. Al pasar a la par de Iván, le ve de forma amenazante, retirándose. El músico sorprendido, voltea a ver a al rubio, quien levanta su mirada, ofreciéndole una tierna sonrisa.  Esto ya no es su imaginación ni una ilusión creada por sus sentidos, no, es real, ¿acaso está dejando en claro que no existe ningún interés en el otro chico y más importante aún, que sí lo tiene por él? Su corazón empieza a latir rápidamente con la sola idea. ¿Por qué cada vez que rechaza a Albert le voltea a ver? ¿Y por qué éste al irse le vio de forma rencorosa y amenazante? La emoción le domina.  Saca sus partituras, continuando con la melodía que había iniciado a componer en ese viaje. 
En la tarde dispone ir a la ciudad en busca de una barbería; debe verse presentable para conquistar en definitiva al rubio.  Cuando el barbero pregunta qué corte desea, Iván le indica que desea un corte que le hiciese ver más joven, a lo que le replica que lo importante no es la edad del cuerpo sino la del alma y que él está en todo su derecho en recurrir a ciertas técnicas para que su cuerpo aparente la edad de su alma. El músico pregunta a qué se refiere con “ciertas técnicas” a lo que el barbero responde que debe confiar en él y que no se arrepentirá.  Al salir de la barbería, siente la falsa ilusión que se ve más joven, cuando lo que han hecho con él es aplicarle maquillaje en la cara y tinte en su cabello y bigote, antes canoso.  En realidad era una máscara que lo hace verse más bien ridículo. 
Ya de regreso en el hotel, se dirige a la sala donde hay varias personas, Dominik se encuentra con sus amigos, quien voltea para percatarse que es el músico quien entra al lugar. Iván se siente seguro, en especial cuando ve la expresión de sorpresa que pone el rubio.
—“Debe estar sorprendido de lo joven que me veo, seguro le ha gustado”. piensa, sentándose en un sofá justo frente al amueblado donde se encuentra el joven y su grupo de amigos. 
Toma un periódico y mientras lee, presiente que algunas personas hablan de él, pues se le quedan viendo y murmuran entre ellos, empezando a reírse de forma discreta pero burlona.  Esto le incomoda muchísimo, ya que no entiende a qué se deba esa actitud.  Ve su imagen reflejada en una ventana contigua y es cuando comprende la burla de las personas; lo que ve en el reflejo es a un bufón vestido elegantemente. Hasta entonces se percata de la máscara tan horrenda que lleva en la cara ¡está pintado más que una mujer! su rostro completamente blanco, los labios y mejillas rosadas y su bigote negro… todo está mal.  Siente la vergüenza más grande de su vida ¿cómo pudo permitir que hiciesen eso con él? ¿Cómo había llegado tan bajo en su intento desesperado de verse más joven para impresionar al rubio? Lo peor de todo: Dominik lo ha visto.  Cierra los ojos, cubriéndose el rostro con una mano, en verdad se siente miserable, no tiene el valor de ver al rubio, quiere desaparecer y quitarse esa máscara tan grotesca cuanto antes.  Se levanta para retirarse, pero antes de hacerlo, ve al joven, quien esta serio, con la cabeza agachada, es notorio que se siente mal por él y la actitud burlona de las personas.  El compañero que tiene a su lado voltea a ver al músico, riéndose, lo que provoca que el rubio le dé un fuerte golpe en la cabeza para hacerle callar, volteando al músico, brindándole una mirada dulce y compasiva, como si comprendiese su accionar, sin embargo, Iván se siente tan avergonzado que desvía la mirada y agachando la cabeza, se retira del lugar.
Al llegar a su dormitorio, se tira sobre la cama, la cabeza está a punto de explotarle, sintiendo unos deseos muy fuertes de llorar y sacar toda su vergüenza y arrepentimiento a través de sus lágrimas.  Alguien llama a la puerta; es el mensajero quien lleva la correspondencia de hacía varios días, pues no había pasado por ella.  Al darle una hojeada a las cartas, descubre, para su agradable sorpresa, que una es de su mejor amigo Eduardo, quien sabe de su viaje.  A pesar del hambre que siente, prefiere quedarse en el dormitorio, pues no desea afrontar a Dominik y a las personas que se habían burlado de él,  por lo que decide quedarse y leer toda su correspondencia. 



4 comentarios:

  1. Te diré lo que me sorprendió la historia ...
    Espero ansiosamente continuación, ¿qué pasará con Iván y Dominik ....
    sabe, que me hizo curiosa de leer la historia sin parar ... a pesar de algunas palabras que no entiendo (el lenguaje), pero todavía buscado en el siginificado internet ....
    Felicitaciones, se mantiene firme y quiero una continuación. *3*

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    1. Me alegro que te gustara Tati! como es un manuscrito, aun me toca reescribirla para mejorar y claro, la próxima semana estaré publicando el capítulo dos! espero os guste! ;)

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  2. Hola Glo ¿cómo estás?. Me ha encantado mucho el primer capítulo de tu novela. Son muy interesantes los personajes de Iván y Dominik :).

    Te mandamos infinitos saludos y abrazos argentinos toda mi familia, amigos y vecinos hacia toda tu familia, amigos y queridos vecinos :).

    Te queremos mucho, querida y gran estimada amiga :).

    Nico :).

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  3. Gracias amigo!! me alegro que te esté gustando... la próxima semana publicaré el siguiente capítulo! :P Abrazos!!

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