jueves, 28 de agosto de 2014

DISTANCIA EN EL VIENTO. Capítulo 8. ÚLTIMO COMPLETO.

Hola amigas y amigos! Este es el último episodio que publico por este medio.  Espero que hayan disfrutado los episodios publicados y que les deje enganchadas/os lo suficiente como para querer adquirir el libro y saber en qué acabará todo... ;)

Estén pendientes de las promociones para adquirir el libro así como si tienen alguna inquietud o les gustaría conocer a profundidad los personajes, con toda confianza me lo hacen saber! ;)

Abrazos!!


8

Ese día Iván se permite dormir durante largas horas, siendo el hambre el causante de sacarle de la cama.  Después de comer se dirige como de costumbre a la playa, donde espera ver al dueño de su razón, sin embargo, se le hace extraño no encontrar a ningún miembro de la familia del polaco, mas no se alarma, muy probablemente se encuentran en la ciudad, por lo que sin preocuparse, toma un libro para leer, viendo de vez en cuando como las personas en la playa se divierten, sintiendo su alma tranquila, en paz.  La dulce y refrescante briza del mar y el canto de las gaviotas hacen que cierre sus ojos para recordar la noche anterior, en verdad había sido la mejor noche de ellos, la entrega de uno con el otro había sido total. Aspira hondamente para llenar sus pulmones de aquella fragancia del mar, concentrándose nuevamente en el dulce canto que las gaviotas otorgan a las olas… en verdad es un día perfecto.
Ve su reloj para advertir que ya es tarde y los polacos no aparecen, la cena ya ha concluido siendo el último en dejar el restaurante.
Parece que les ha ido bien, probablemente cenaron en algún restaurante de la ciudad, creo que se empiezan a aburrir de este hotel —piensa divertido.  Se levanta de su asiento para dirigirse a su dormitorio, sabe que no importa que, Dominik no faltará a su cita.
Se mantiene de pie frente a la puerta de vidrio del balcón intentando vislumbrar la silueta de su amado.  Las horas pasan y el joven no aparece.  Esa noche no llega, seguramente esta vez se le ha dificultado salir, puede ser que la institutriz se hubiese quedado por alguna razón con él o que el viaje a la ciudad le hubiese cansado tanto que hizo se quedase dormido profundamente, sin embargo, un pesor en el pecho empieza a molestarle, como si presintiese algo.  No quiere atormentarse más, por lo que regresa a la cama para conciliar el sueño, de seguro en la mañana volverá a verle.
El día pasa y aún no hay rastro de los polacos, una tormentosa angustia quiere apoderarse de su ser, sin embargo, se resiste a pensar en lo peor.  Cuando anochece toma el valor para preguntar al recepcionista sobre ellos, acercándose al mostrador como quien se acerca al juez que le dará o no la sentencia de muerte, su corazón late con fuerza así como la presión en su pecho y estómago se incrementan con cada paso que da, su razón le dice que conoce la respuesta, que sabe lo que ha ocurrido, pero él se niega a aceptarlo, quiere, necesita escuchar la confirmación de su más grande temor.
Buenas noches señor Albéniz, dígame ¿en qué le puedo servir? —saluda cortésmente el recepcionista.
Buenas noches.  ¿Tiene conocimiento sobre la familia polaca que se hospeda en el segundo nivel? Pues hace bastante tiempo que no les veo y debo devolverles un libro que me han prestado.
Me parece que tendrá que entregarles el libro la próxima vez que se vean, pues partieron en la madrugada de ayer señor  —dice cortésmente.  
Al escuchar esto, Iván siente como el suelo se mueve bajo sus pies, sosteniéndose en el mostrador para no caer.
¡Señor Albéniz! ¿se encuentra bien? ¿Quiere que llame a un médico? —pregunta el recepcionista alarmado al ver como el semblante del músico ha palidecido. 
Iván intenta incorporarse, dificultándosele pues un fuerte zumbido en sus oídos hace que pierda el equilibrio, cuando al fin logra controlar sus sentidos, regresa su vista al señor, quien le ofrece un vaso de agua.
Solo dígame, ¿hay alguna dirección que hayan dejado? Pues me serviría de mucho para enviarles el libro —pregunta notablemente desesperado.
Lo siento señor, no tenemos ninguna dirección de la familia Lubomirski.
¡Como que no! ¡Cuando se cancela el hospedaje a ustedes les queda copia de los datos de los clientes! —el tono del músico es molesto y bastante elevado, no puede controlar la evidente ira y frustración que siente.
Lo siento señor Albéniz, la dama pidió que le diésemos esa copia, pues le iba a servir.
Entiende todo; habían sido descubiertos, no hay duda al respecto… pero ¿cómo? Habían sido muy cuidadosos en ocultar su relación ¿en qué habían fallado?
El nudo en la garganta no le permite emitir una sola palabra, su mirada se vuelve borrosa, sintiéndose fatigado, desubicado, confundido, viendo para ambos lados del ambiente, deseando que lo que acaba de escuchar sea una ilusión, una broma y esperando que en cualquier momento apareciese Dominik con su habitual sonrisa o despierte de esa terrible pesadilla.  Poco a poco se aleja del mostrador, dirigiéndose hacia la salida, ya no es capaz de escuchar nada, su cerebro ha bloqueado el sonido, entrando en trance; uno de desesperación y lo único que se repite en su cabeza son las palabras del recepcionista “partieron en la madrugada de ayer”.
Por un fuerte impulso sale corriendo hacia el muelle, creyendo que tal vez logrará alcanzarles… su razón le ha abandonado, dejándole únicamente con su desesperado y doloroso instinto de supervivencia que le dice a gritos que debe encontrarle fuese como fuese, pues sin él, su vida acabaría.
Lléveme inmediatamente a la estación por favor —ordena Iván con autoridad al único gondolero que se encuentra estacionando su balsa.
Lo siento caballero, pero a esta hora ya no sale ninguna balsa, ya que las aguas no tardarán en volverse turbulentas.
Le pagaré lo que me pida ¡solo lléveme a la estación! —grita desesperado, haciendo que acceda el gondolero.
Ya en la estación, pregunta en el mostrador sobre la familia polaca que había salido hacía dos días, describiendo a los miembros de la familia.
Sí, fui yo quien les atendió, sin embargo, la dama me pidió la copia del recibo, por lo que no tenemos la dirección hacia donde se dirigieron.
El mundo del músico empieza a desmoronarse… con tono desesperado y suplicante insiste una y otra vez que intente recordar hacia donde habían partido los polacos, por lo que el joven, compadeciéndose del músico, hace el intento.
Lo único que recuerdo es que en su pasaje habían varios transbordos, por lo que no sabría decirle cual fue su destino final.  Siento no poder ayudarle más señor —dice por fin el joven, sintiendo pena por el hombre frente a él, evidenciando su semblante la angustia y dolor que está atravesando.
Debemos cerrar, ¿se le ofrece algo más? —pregunta cortésmente sin recibir respuesta. 
Iván se encuentra nuevamente en trance, ¿qué hará ahora? ¿Cómo encontrar a Dominik?  No hay rastro de ellos, no sabe a dónde han ido, es imposible localizarlos…  El músico se siente completamente abatido y sin más regresa al muelle del hotel con lágrimas en los ojos, sin poder creer que estuviese viviendo ese infierno.
Dios ¡ayúdame! —suplica al cielo al sentir como el dolor en su alma se vuelve insoportable, apenas y puede caminar, sus pasos se han vuelto pesados y dolorosos. 
Se sienta en una silla que probablemente es del guardián del muelle, su mirada; dolida, suplicante, desesperada y aun así, con esperanza, se pierde en el horizonte el cual es bañado tenuemente por la luz de la luna, sí, aquella luz que les había acompañado tantas veces y que ahora solo muestra un enorme vacío, como aquellos tiempos en que la desesperanza le había hecho perder la razón, las ganas de vivir y ahora esa historia vuelve a repetirse, nuevamente su única compañera le dice a gritos que la vida no es justa con él.  Cierra sus fatigados ojos, dejando caer gruesas lágrimas de dolor sobre su rostro, no quiere abrirlos a la dura realidad que enfrenta, sin embargo lo hace, abre sus ojos para fijarlos en el muelle… si, esperará allí mismo, no importa cuánto tiempo, su amor regresará a él de alguna forma y estaría allí para recibirlo…
El frio de la mañana y la luz del amanecer le van despertando poco a poco, regresándolo a la cruda realidad; sintiendo nuevamente esa dolorosa presión en su corazón, no ha sido una pesadilla, el encontrarse allí solo confirma lo más cruel; Dominik ha partido.
Caballero, buenos días. Si gusta puedo llamar a personal del hotel para que vengan a auxiliarlo —dice el guardián del muelle al ver el estado en el que se encuentra el caballero frente a sus ojos, notando la agonía que atraviesa por lo demacrado de su rostro que expresa vacío, dolor y angustia.
No será necesario, gracias —y diciendo esto se levanta, dirigiéndose con dificultad hacia el hotel. 
Su cuerpo le duele intensamente, es como si todo el peso de su enfermedad cayeran sin ninguna compasión sobre él, cada paso que da es una tortura, teniendo que sostenerse de los muros, bancas o lo que encontrase en su camino para no caer…  aun así el dolor de su cuerpo no es comparable con el de su alma.
Pasan los días y el músico permanece sentado en aquella banca frente al muelle, sus ojos fatigados y aun así necesitados y llenos de esperanza de ver regresar al dueño de su voluntad, se van cansando. Con cada grupo de personas que arriba en el muelle, su corazón late con fuerza, ilusionado, así como su mirada busca desesperadamente entre la multitud aquellos destellos azules, pero es en vano, pasan los días y las noches sin que la persona que tanto espera regrese…  con cada emoción falsa que siente al creer ver entre la multitud a Dominik, y con esto, cada decepción al darse cuenta que sus sentidos le engañan, su frágil salud va decreciendo considerablemente, como las hojas de un árbol caen en otoño, hasta el punto que un día no puede más, presintiendo que ha llegado su hora; su corazón no resistirá mucho tiempo, por lo que se permite disfrutar por última vez la vista que perciben sus ojos, cerrándolos para sentir la suave brisa del mar y escuchar el dulce sonido de las olas; como un réquiem de muerte.  Susurra unas palabras esperando que el viento las lleve hacia su amado, donde quiera que se encuentre, abriendo sus ojos lentamente mientras una finas lágrimas recorren su cansado rostro, sin embargo, siente paz, una paz que supera cualquier entendimiento… ha aceptado su destino, después de todo a eso había llegado a aquel lugar, por un momento, tal vez ingenuidad, una vaga ilusión le hizo creer que su destino había cambiado; que su vida regresaba a él, pero no, al final las cosas son lo que son.
Ya en su dormitorio, habiendo arreglado todos sus bienes, se sienta en el escritorio donde aún están las fotografías de su difunta familia, toma papel y lleno de tranquilidad, escribe un mensaje al rubio.  Al terminar toma las hojas y las deposita en un sobre, donde escribe “Para Dominik Lubomirski”, se dirige hacia el balcón con el sobre en la mano, sonriendo sinceramente, agradeciendo a la vida por haberle hecho tan feliz en sus últimos días, por haberse sentido vivo nuevamente; por haberle permitido el privilegio de conocer y amar a Dominik a quien le entregó lo mejor de él, así como él se había llevado lo mejor de aquel joven corazón, es algo que le reconforta enormemente y le da consuelo; haber vivido todos esos sentimientos tan intensos y profundos en tan poco tiempo es algo realmente gratificante.
Gracias —dice suavemente, besando el sobre que tiene en sus manos. 
Sabe que Dominik regresará a aquel lugar algún día y aunque fuese muy tarde para él, le entregarían lo último de sus pensamientos, de sus sentimientos y su mensaje de vida plasmados en unas hojas de papel.  Y sin más que decir y hacer, se dirige hacia la recepción donde hace entrega del sobre al gerente, a quien conoce bien y con esto, sus pasos lo llevan de regreso a aquella carpa frente al mar donde pasó agradables momentos, haciéndole recordar todo lo que había vivido con su amado, sonriendo a la vida que poco a poco se va apagando.
A lo lejos ve como un trabajador del hotel quien está al lado de una señora, le señala, al parecer le están buscando, justo cuando no desea ser perturbado, deseando estar en paz, pero eso no será posible, pues la dama corre hacia él ¿quién será?
Señor Iván Albeniz, por favor ¡debe acompañarme! —dice la dama con dificultad, al parecer el castellano no es su lengua materna, sin embargo se da a entender. 
El músico aún no sabe quién es y la verdad no le interesa.  Sea quien sea no tiene derecho de interrumpir su tranquilidad, justo cuando está pasando probablemente sus últimos momentos.
Lo siento señora, no sé quién es usted y tampoco le voy a acompañar, así que por favor retírese —responde de forma determinante y bastante molesta.
¿Acaso no me recuerda? ¡Por Dios! ¡No tenemos tiempo que perder!
Iván se siente fastidiado por la insistencia de la señora, a quien ve detenidamente, reconociendo que su rostro le es familiar… no puede ser ¡es la institutriz de Dominik! ¿Pero qué? Luce diez años más vieja, su rostro totalmente demacrado y su arreglo personal muestra que ha pasado por algo duro…
¡Es Dominik! ¡Dominik está muriendo!


Este dibujo no lo hice yo, pero se me hizo muy inspirador y apropiado? jajajajjajaaj ;)

miércoles, 20 de agosto de 2014

DISTANCIA EN EL VIENTO. Capítulo 7, segunda parte.

Por fin estoy de vuelta!! siii... desaparecí porque mi compu se dañó, y bueno, estuve al borde de un colapso al saber que podría perder toda la información de mi disco duro; trabajo, fotos, películas, pero sobre todo, el avance de mi libro y mis amados yaoi!! jaajajaja pero por suerte se solucionó!

Continuamos con la segunda parte del capítulo siete, espero les guste y como siempre agradezco sus comentarios, vale?

Abrazos y disfrútenla!

7
SEGUNDA PARTE

El joven sube por la escalera, tarareando una canción, entrando a su cuarto silenciosamente para no despertar a su familia.  Grande es su sorpresa cuando encuentra a su madrastra e institutriz arregladas, sus hermanas no están, sin embargo, parece que las damas le están esperando, ocasionándole un fuerte dolor de estómago al percibir la mirada acusadora de su madrastra y la de preocupación de su institutriz.
¿Dónde has estado? —pregunta su madrastra con tono determinante.
… en la playa, me levanto antes que amanezca para ir a nadar, me gusta hacerlo a esa hora pues es más fres…
¡Mentira! Te hemos buscado por horas y no estabas en la playa. Te vuelvo a preguntar ¿dónde estabas? —sigue la dama, esta vez su tono es amenazante.
Ya le he dicho señora, estuve en la playa —responde Dominik con seguridad, devolviéndole una mirada fría.
Haré que me digas la verdad. Marie, regreso en un minuto, no dejes que Dominik abandone este cuarto ¿te quedó claro?
Si señora
La madrastra sale del dormitorio, dejando al rubio solo con la institutriz.
Dominik, por el amor de Dios ¿dónde has estado? Dímelo si no quieres que se pongan peor las cosas —suplica con la voz entrecortada por la preocupación ¿por qué su niño ya no confía en ella? ¿Qué es lo que intenta ocultar?
Ya te dije que estuve en la playa.
Dime ¿has estado con alguien? ¡Es eso verdad! —le acusa, esta vez su voz se vuelve severa.
¡Dios! ¡Cuántas veces tendré que repetirlo! —responde le rubio ya molesto.
¡Quiero revisarte! ¡Quítate la calzoneta ahora mismo! ordena la institutriz. 
Dominik sabe que no puede permitir que le vea, primero porque hay ciertas marcas que le ha hecho el músico y segundo porque no ha tenido tiempo de limpiarse bien, por lo que aún hay rastro en su cuerpo de la noche anterior.
¡No! —replica el joven. 
Marie se abalanza sobre él, intentando quitarle las prendas.  Es cuando el joven, en un movimiento involuntario la tira fuertemente sobre un mueble.
¡No me vuelvas a tocar! —grita el rubio lleno de ira, encontrando la mirada sorprendida y dolida de la dama.
Tú… ¡tú ya no eres virgen!
Cuando escucha esto, Dominik no puede ocultar su consternación ¡ha sido descubierto!
¡Dios mío! ¡Es cierto! —dice la mujer, llevando las manos a su boca, dejando caer gruesas lágrimas.
¡No sé de qué hablas!
Y diciendo esto, el joven se precipita al baño, donde se quita las prendas, duchándose rápidamente.  Su corazón late con fuerza así como su respiración se vuelve agitada, sabe que una tempestad está a punto de caer sobre él y lo peor es que no está preparado para ello.
Cuando sale del baño ya vestido, ve con terror que su madrastra ha regresado y no está sola…
Al… —dice el rubio con temor, sin recibir una respuesta de su amigo, alarmándose más al ver la mirada del castaño, una llena de rencor…
Entonces Albert ¿tú sabes a dónde va Dominik por las noches? —pregunta la madrastra al castaño.  La institutriz se mantiene callada a un costado.
Sí, se escabulle todas las noches para irse a meter a la cama del músico ese —escupe con rencor.  No ha terminado de hablar cuando el rubio se abalanza sobre él.
¡Cómo pudiste! ¡Traidor! ¡Yo confié en ti! —grita el rubio, golpeando a su amigo.  Son separados rápidamente por las damas.
Puedes retirarte Albert, cierra la puerta cuando salgas —ordena la madrastra sin dejar de otorgarle al rubio una mirada llena de odio.  El castaño voltea a ver a su amigo, esta vez su mirada denota arrepentimiento, pero ya es muy tarde para eso.
¡Cómo pudiste hacer eso! ¡Has manchado el honor de nuestra familia! Hijo de esa mujerzuela tenías que ser… —suelta la señora con ira, otorgándole dos bofetadas al rubio. 
¡Con mi madre no se meta señora! ¡Además, aquí la única mujerzuela es usted quien se mete con hombres casados! —escupe con odio, siendo abofeteado nuevamente. 
A todo esto la institutriz está en un solo llanto, no puede creer lo que está ocurriendo, que hubiese sido tan descuidada con Dominik, todo lo que pasa es culpa suya…
¡Nos vamos de inmediato! —ordena la madrastra, haciendo señas a la institutriz que arregle todo.
Yo no iré —dice el joven determinación. 
¿Qué tu no qué? —replica la dama con tono amenazante.
Lo que escuchó.
No me digas que piensas quedarte a seguir viviendo tu amor de verano… —expresa de forma burlona
Sabe bien que no puede dejar a Dominik, pues como hijo primogénito es el heredero de toda la fortuna de su difunto esposo, además de ser el único heredero de la fortuna de la duquesa de Wettin, una incluso mucho más grande que la de su propio esposo.
Eso no es asunto suyo.  Yo estaré bien por mi lado, será mejor para usted el no tener que volver a ver mi rostro que tanto desprecia.
Al escuchar esto, la dama levanta una ceja en señal de sorpresa.
Vaya, parece ser que lo entiendes, sin embargo, no puedo hacerlo aunque quisiese, después de todo, tu padre te ha dejado a mi cargo y no le fallare a mi difunto esposo, además tú eres el portador de nuestro apellido y quien le dará continuidad —dice con sarcasmo.
Usted y yo sabemos que ese señor jamás pensó en mí y si tanto le interesa el apellido puede quedárselo. 
La dama sabe que el rubio ignora que al morir su esposo le había dejado toda su fortuna, ¿acaso lo hizo en compensación por lo mal padre que fue con él? eso fue lo que más la enfureció, pues el Conde solo pensó en él, olvidando inclusive a sus hijas, incrementando con esto el odio que sentía hacia el joven.
No importa Dominik  ¡tú vendrás conmigo te guste o no!
Haga lo que quiera, yo me quedaré aquí.
¿Ah sí? —dice mientras se le acerca—. Bueno, estás en la libertad de quedarte, sin embargo, te advierto que si te quedas, yo me encargaré personalmente de que el mundo sepa que el gran compositor y maestro Albéniz no es más que un homosexual y violador de niños, no vas a querer vivir para ver lo que quede de él…  y sabes que lo haré —amenaza con una mirada retadora y penetrante.  Dominik siente como el peso del mundo cae sobre sus hombros.
¿Vendrás sí o no?  Cuidado con tu respuesta…
Si…
No escuché bien…
Sí.
¿Sí qué?
—¡Sí iré con usted!
Bien.  Algo más, no le buscarás, no te despedirás, no le dejarás ningún mensaje, no volverás a verle… si lo haces, cumpliré con mi promesa. ¿Has entendido?
Si…
¿Si qué?
¡Si he comprendido! —responde Dominik elevando la voz.
¡Marie ya deja de llorar! ¡Ve a buscar a las niñas que partiremos enseguida!
La institutriz sale del dormitorio dejando atrás a la madrastra y a Dominik.
Solo para asegurarme que cumplas te quedarás aquí hasta que todo esté listo —y diciendo esto, la señora sale del dormitorio, dejando al rubio bajo llave.
En el momento en que se queda solo, el joven se tira a la cama a llorar, jamás había sentido una angustia como esa ¿qué hará ahora? ¿Es que acaso ese es el final de ellos? Sí, sabe que lo es, ya no podrá acercarse más a él si no quiere que su madrastra acabe con el prestigio del músico…  todo ha terminado y justo cuando sentía que no podía ser más feliz… otra vez está completamente solo y desdichado, llorando amargamente.
Es todo señora.  Gracias por preferirnos, esperamos que vuelvan el próximo verano —dice el administrador a la madrastra de Dominik, quien cancela el servicio del dormitorio.
Quiero que me haga un enorme favor.
Claro que sí, lo que guste.
Necesito quedarme con la copia de la dirección a la que se enviará el equipaje. Lo que ocurre es que cuando lleguemos a nuestro país, piden dos copias de este documento y como sé que no les servirá a ustedes ¿me haría favor de entregármelo?
Esto lo hace para no dejar ningún registro de la dirección de ellos, pues sabe bien que el músico le buscará al percatarse que se han ido.
Claro que si señora, tome usted.
Muchas gracias —y diciendo esto, hace una señal a la institutriz para que salga con las niñas.
El rubio se mantiene callado, su semblante es inexpresivo y su mirada apagada.  Antes de salir del hotel, por impulso regresa corriendo hacia el recepcionista.
Por favor, entréguele esto al señor Albéniz —suplica, en ese instante llega su madrastra, arrebatando la carta que está a punto de entregar al señor.
¿Qué se supone que es esto?  ¿Acaso no fui clara contigo? ¡Nos vamos ahora! Y esto me lo quedaré —expresa, guardando la carta en su bolso. 

Dominik la mira con ira, reconociendo que ella tiene el control, por lo que resignado, sale del hotel, no sin antes dar un último vistazo hacia la playa y hacia la fachada donde distingue la ventana del dormitorio de su amado, quien se encuentra durmiendo profundamente, sin siquiera imaginar por el infierno que está atravesando.  El joven hace un esfuerzo sobrehumano al retener con éxito, las lágrimas que intentan salir, no le dará esa satisfacción a su madrastra y sin más, se aleja del lugar donde volvió a encontrar la felicidad que tanto había añorado… siendo muy corta, como todo en su vida.